domingo, 23 de mayo de 2010

El final de la Historia (Continuaciones)


Lágrimas por el hijo

El unicornio al fondo del desfiladero. El velo de la dama en la punta de la lanza. Y tus rizos, Roldán, atrayendo las piedras que lanzan todos los enemigos.
¡Tu hijo, Emperador, tu hijo...!
No tiene palabras el mensajero. Carlomagno no las necesita. El caudillo de un ejército invencible no llora.
Los paladines de la cruz partieron con la bendición del obispo.
Para ti, Roldán, también será un largo viaje. Pactarás un reencuentro en el infierno.

La batalla de la Salga

Te imaginas aquella batalla en la temporada de las naranjas...? Los disparos del arcabuz intentando parar a los toros salvajes y aquel vate, con un verso blanco entre los dedos, agonizando sin esperanza, sabedor de que el alarido y el miedo son los mensajeros del olvido que anuncia la despedida. Te imaginas…? Sin viento. Sin molinos. Sin planicie. Sin mancha...


Una coartada para Galileo

Galileo renegó de la verdad por temor a los buenos oficios del verdugo que cobijaban las faldas del Papa y porque Dédalo, cuando le visitó en sueños, le entregó el pergamino de las confesiones de Icaro, en las que se narra:
"Cuando se terminó el azul, posé mis alas sobre la piel de Dios. Y al hurgar sobre la superficie, manó un manantial de ardiente líquido rojo. Somos insectos. Tristes liendres a las que el vuelo emparienta con la familia de los molestos mosquitos."
El sabio anotó en los márgenes:”La oscuridad es la advertencia de la cercanía del manotazo de la divinidad que se defiende. La esperanza es el único pezón de algunos mamíferos”.



Bajo el gobierno de Morgan

-¿Sonríes, Hermano de la Costa? Sonríes y acabas de oír la sentencia…
-Sonrío, señor letrado. Ha sido hermoso su discurso.
-¿No quieres agotar tu única esperanza? ¿No vas a solicitar clemencia a los jueces?
- Me divierte su ingenuidad. No conoce la piedad de los que visten esas togas.
Antes de ejercer de alguaciles fueron bucaneros,

Mil novecientos veinticuatro

Desdoblado el equipaje debajo de la pata del insecto, Berlín, fue Berlín la ciudad que vomitó su tísico alarido en el sombrío lupanar... Asoma un amoratado tatuaje debajo de la falda donde tintinean tres monedas, dudando entre hundirse en el vaso de ginebra, financiar la estampación del sello o pagar el desahogo...
Max, Max, nadie reconoce tu misterio. Has oído la sentencia y delatarás a K. El no envió la carta... Ulianov, tal vez por eso elegiste aquel año para morir... Nadie te comunicó que ordenó quemar la verdad que escondía en el escritorio...


miércoles, 12 de mayo de 2010

Adiós a Bobby Fischer



Artículo publicado en prensa el 5 de febrero de 2008

En 1993, el guionista Steven Zaillian se estrenó como director con una película que tuvo un sorprendente éxito de taquilla si tomamos en cuenta que versaba sobre el ajedrez. El mencionado film se titulaba “Buscando a Bobby Fischer” aunque en realidad estaba basada en la historia real de Josh Waitzkin, un niño que a los siete años apuntaba un sorprendente talento para ese juego y que en el año 2004 conquistó un campeonato del mundo en las artes marciales del “Tai Chi”, pero que nunca llegó a aproximarse en el arte del tablero al genio de Brooklyn que figura en el título de la película.

El verdadero Bobby Fischer, no sé si ese desaliñado barbudo de 64 años que nos ha dejado hace apenas unas semanas, en una clínica de Reykjavik ,afectado de una dolencia renal; o ese otro joven e impertinente barbilampiño que llegó por primera vez en el mes de julio de 1972 a esa misma ciudad, para romper la habitual paz del lugar y vencer a Boris Spassky en el match del siglo; o quizás un híbrido de ambos y de un tercero, eternamente oculto y desconocido; ése, el verdadero Bobby Fischer, hace mucho que se perdió en la inmensidad de un tablero ajedrezado de escaques blancos y negros, y ahora , como antes, es inútil intentar salir a buscarlo más allá de la mágica infinitud de esas 64 casillas.

Fuera, fuera del tablero y de los desafíos del gambito Evans o el desprecio por el gambito de rey, fuera de los sacrificios de piezas envenenadas y de los descubrimientos combinatorios de finales invisibles, quedan, para los coleccionistas de anécdotas y los ilustradores de las caras B de las leyendas, sus paranoias, sus desequilibrios y sus abundantes provocaciones. Paranoias que, por excéntricas que nos parezcan en algunos casos, no son mucho más descabelladas que la aparente superioridad con la que las juzgamos desde nuestra incuestionable cordura de presumidos ciudadanos prudentes y equilibrados.

Para ilustrarlo con un ejemplo, nos escandalizamos y le llamamos villano paranoico a Bobby Fischer cuando parece que celebra, más que lamenta, el ataque a las Torres Gemelas y sin embargo, otorgamos certificados de normalidad democrática a quienes mintieron para comenzar una guerra criminal en Irak que, según acaba de dar a conocer el instituto británico Opinion Research Business (ORB) y el Independent Institute for Administration and Civil Society Studies (IIACSS), ha provocado ya más de un millón de muertos.


Tartamudeos mitológicos


"Algo que ha caído
tintinea en lo infinito."
Fernando Pessoa


Equilibrismos

Qué no te turbe el desconcierto, las cosas no siempre fueron así...
Hubo otros calendarios...
Tampoco en aquel universo antiguo la tierra era plana,
pero Dios -¡siempre Dios!-, como un funambulista sobre el alambre de Euclides, tensó las miradas en la línea recta.

El vuelo de un insecto

Temes por tu vida. Conoces que la alquimia se castiga con la muerte. Eres un turista al que conmueven las bellezas de las cúpulas y las pupilas atigradas de las mujeres. El músico del laúd toca para ti una canción extremadamente dulce. Tus pies permanecen inmóviles y juntos, detenidos sobre el centro de la inmensa plaza de Samarcanda, la joya del Oriente. Pero el paisaje es efímero... No tiene un Omar Jayyam que muestre su corazón.
Volverás a casa con una fotografía de lo exótico y el retrato de un insecto.

Existir
El pasado es arena. Heracles no maldice a los dioses. Fueron duras las doce pruebas que le encomendó el Olimpo. Las sandalias temen el treceavo camino...
La sed del dolor es insaciable. Cada trago es un océano.

A Prometeo
Y aquella señal enviada desde el abismo era una prueba de tu locura. ¿Por qué volviste vestido con los harapos de la rosa? ¿Por qué te empeñaste en sobrevivir?
El óxido corroe los escudos de los vencedores. Alfombran las plumas del buitre el paseo del infinito saqueo. Y tú, Prometeo, ¿admites la derrota? Regresas con el virgo incólume de la diosa ¿y aún pretendes que calmemos nuestro odio? ¿Esa es tu propuesta, agradecer la paz del campo santo? ¿Deseas que admitamos nuestra culpa, arrebatándoles la gloria, condenándolos a la pasiva contemplación de nuestra desesperación?
Si fuéramos demonios tal vez claudicaría la piedad del cielo, tal vez nuestra vida hubiera sido diferente...

Enumerando la Odisea
Las rocas emergiendo de la playa. El cielo vomitando su diluvio. El negro suspendido oscuro sobre el verde. Y Ulises maldiciendo a los compañeros que lo encadenaron al mástil, gritando su febril desconsuelo porque no puede acudir al encuentro de la bella sirena que le llama.


Biblios
El cazador y el arco en el lecho del ciervo, el campesino en el jardín de las Hespérides regando la semilla del manzano en el invernadero y Dios, ante la construcción de la ciudad, señalando en el plano del proyecto del templo el lugar donde debe ir el sarcófago en el que se refugia la serpiente.