domingo, 28 de noviembre de 2010

La canción favorita

  
Café irlandés

El cantante ronco que rasca las cuerdas de esa guitarra con dedos artríticos conoce nuestra canción favorita. Mira como sonríen esos ojos tristes. Sabe que no se la pediremos. Y nosotros que, aunque lo hiciéramos, él no la tocará.

¿Es absurda la compasión que recose un amor marchito? ¿Hay algún pasado que sea una esperanza?



La suerte del héroe

El viejo que te da lástima es un James Dean que sobrevivió al accidente de coche. Lloraste por su porvenir y ahora te odia. ¿No has oído a Matusalén? Los amados de los dioses mueren jóvenes.

Es el segundo inquilino del infierno



Retrato

En Arbat, los dedos del dibujante armenio ejecutan un trazo de carboncillo para enmarcar la frente del turista anónimo que sonríe, como un tonto, contando las monedas. El retrato tendrá: avaricia en los ojos y una leve abertura en los labios, como muestra de agradecimiento.


Malastrana

La paloma sobre la marquesina de la ventana vieja y el verso del unicornio zumbando como abejorro que libara en la apretujada nieve; y yo, como un furioso e inesperado ventarrón, encajonado en el tiro de la negra chimenea, deshollinando ruidos para espantar tu imperturbable invierno lleno de cisnes de alas blancas.



Octubre

Las alas de la mariposa no abren el abanico en Octubre. ¿Las sustituirán las pestañas? Pesará en la balanza cada lágrima el pescador de perlas.


Erudito

Dejó la pluma sobre el escritorio. Acababa de terminar una nueva interpretación histórica de la Guerra de los Treinta Años. Se miró al espejo… y guardó silencio ante la estúpida sonrisa de aquel desconocido.


Instantes

Un sol, enorme y rojo, atardeciendo. Ella y él agarrados de la mano. El camino inmenso. El reloj sin manecillas. Un gesto leve y silencioso. El poeta sin inspiración. El poema sin tema. Y el amor austero y sin noticias.


Vendajes

Conservo un amor platónico y un deseo táctil que habitan los rincones a los que no llega la mujer que vive conmigo. Renuncias de pasado remoto momificadas con falsas esperanzas que conservan el encanto de este presente –vivido, intangible y efímero- en el que perduramos.


P. reza

Se despertó el sueño y continuó dormido el hombre.
Se levantó el hombre y ya no pudo alcanzar al sueño.
La belleza dormía en los brazos del otro.

La canción de Bob Dylan


Hace ya casi cincuenta años -el tiempo pasa, y pasa también desmontando algunas esperanzas- que Bob Dylan cantó por primera vez aquello de “reuníos donde quiera que estéis, admitid que las aguas han crecido a vuestro alrededor, aceptad que pronto estaréis calados hasta los huesos…el perdedor de ahora será el ganador más tarde porque los tiempos están cambiando”. Los tiempos han pasado al compás de su inexorable tic tac, pero en algunos asuntos apenas han cambiado. Hay vencedores de mucho antes de ayer que siguen venciendo y perdedores de casi siempre que siguen acumulando derrotas.

A principios de los años setenta del pasado siglo, cuando algunos de nosotros nos preparábamos para transitar de la niñez a una adolescencia que iba a coincidir con los últimos estertores del franquismo y una traición enmascarada en forma de marcha verde, el cineasta norteamericano Ralph Nelson llevaba a las pantallas de los cines una película del oeste titulada “Soldado Azul”. Un film protagonizado por Candice Bergen y Peter Strauss, al que el paso del tiempo probablemente también habrá hecho envejecer, pero que por aquel entonces aportaba una novedosa rareza: por primera vez en un western se reflejaba el punto de vista de los indios.

En ese film, en el que se incluían unos planos de una violencia tan cruda que le valieron por aquel tiempo el apelativo de la película más violenta jamás filmada, se narraba el brutal ataque perpetrado por un destacamento del ejército de los EE.UU. mandado por el coronel John Chivington contra un indefenso campamento de indios cheyennes y arapahoes que se hallaba pacíficamente acampado en un lugar de Colorado llamado Sand Creek. En un mes de noviembre como éste de 1864 allí fueron descuartizados doscientos indios, tres cuartas partes de ellos mujeres y niños.

A pesar de que se trataba de un largometraje del oeste inspirado en un hecho real, su director, Ralph Nelson, nunca ocultó que aquel film era un alegato contra la guerra de Vietnam y un recordatorio con tono de denuncia de la masacre de la aldea de My Lai, en la que los marines norteamericanos, pocos meses antes, asesinaron a medio millar de civiles vietnamitas, la mayoría, como en Sand Creek viejos, mujeres y niños.

En el año 2006, después de casi cuarenta años de secreto, se supo que existía un informe de nueve mil páginas que contenía las conclusiones de las investigaciones efectuadas por el Pentágono en el que se demostraba que, de un modo u otro, todas las divisiones militares destinadas en Vietnam habían cometido crímenes de guerra contra la población civil.

Un sociólogo norteamericano, llamado George Bayley como el protagonista del film “¡Qué bello es vivir!”, efectuó un estudió muy preciso sobre el tratamiento que las tres principales cadenas de televisión de su país (ABC, CBS y NBC) dieron de aquella intervención americana. Y el resultado evidenció una parcialidad extremadamente concluyente: sólo un tres por ciento de los espacios se hizo eco del punto de vista del país invadido.

Como he dicho antes, hace casi cincuenta años que Bod Dylan cantó por primera vez esa hermosa canción de “Los tiempos están cambiando”, pero los tiempos, desgraciadamente, no parecen haber cambiado tanto como se anunciaba. No sé si algún cineasta rodará algún alegato por lo ocurrido en El Aaiún y por los vergonzosos silencios del gobierno de Rodríguez Zapatero y la llamada Comunidad internacional. No sé si habrá un informe en el ministerio de Rubalcaba que dé cuenta de las violaciones marroquíes y que se pueda conocer dentro de otros cuarenta años. Si por segunda semana repito indignación y denuncia es porque siento que debo reiterar mi modesta contribución para compensar el abrumador espacio ocupado por los hipócritas y solidarizarme con el invisible punto de vista de los agredidos.