
Artículo publicado en prensa el 5 de febrero de 2008
En 1993, el guionista Steven Zaillian se estrenó como director con una película que tuvo un sorprendente éxito de taquilla si tomamos en cuenta que versaba sobre el ajedrez. El mencionado film se titulaba “Buscando a Bobby Fischer” aunque en realidad estaba basada en la historia real de Josh Waitzkin, un niño que a los siete años apuntaba un sorprendente talento para ese juego y que en el año 2004 conquistó un campeonato del mundo en las artes marciales del “Tai Chi”, pero que nunca llegó a aproximarse en el arte del tablero al genio de Brooklyn que figura en el título de la película.El verdadero Bobby Fischer, no sé si ese desaliñado barbudo de 64 años que nos ha dejado hace apenas unas semanas, en una clínica de Reykjavik ,afectado de una dolencia renal; o ese otro joven e impertinente barbilampiño que llegó por primera vez en el mes de julio de 1972 a esa misma ciudad, para romper la habitual paz del lugar y vencer a Boris Spassky en el match del siglo; o quizás un híbrido de ambos y de un tercero, eternamente oculto y desconocido; ése, el verdadero Bobby Fischer, hace mucho que se perdió en la inmensidad de un tablero ajedrezado de escaques blancos y negros, y ahora , como antes, es inútil intentar salir a buscarlo más allá de la mágica infinitud de esas 64 casillas.
Fuera, fuera del tablero y de los desafíos del gambito Evans o el desprecio por el gambito de rey, fuera de los sacrificios de piezas envenenadas y de los descubrimientos combinatorios de finales invisibles, quedan, para los coleccionistas de anécdotas y los ilustradores de las caras B de las leyendas, sus paranoias, sus desequilibrios y sus abundantes provocaciones. Paranoias que, por excéntricas que nos parezcan en algunos casos, no son mucho más descabelladas que la aparente superioridad con la que las juzgamos desde nuestra incuestionable cordura de presumidos ciudadanos prudentes y equilibrados.
Para ilustrarlo con un ejemplo, nos escandalizamos y le llamamos villano paranoico a Bobby Fischer cuando parece que celebra, más que lamenta, el ataque a las Torres Gemelas y sin embargo, otorgamos certificados de normalidad democrática a quienes mintieron para comenzar una guerra criminal en Irak que, según acaba de dar a conocer el instituto británico Opinion Research Business (ORB) y el Independent Institute for Administration and Civil Society Studies (IIACSS), ha provocado ya más de un millón de muertos.

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