lunes, 27 de septiembre de 2010

Después del 29 viene el 30 de septiembre

Como todo el mundo sabe, el próximo miércoles 29 de septiembre las principales centrales sindicales del estado español han convocado una huelga general. He dicho como todo elmundo sabe aunque tal ves debería haber sido algo menos presuntuoso y haberme quedado en un "como casi todo el mundo sabe", porque, aunque ésta es probablemente la primera huelga general de la Historia anunciada con tres meses de antelación, siempre hay un número más o menos elevado de ciudadanas y ciudadanos para los que únicamente acontece eso que se vocea en programas televisivos del tipo de "Sálvame" o aquello que se publica en las páginas deportivas de diarios como "Marca". Y que se sepa ni Belén Esteban ni el señor Mou han mencionado nada de ninguna huelga general. La huelga es una cuestión de pan y ellos se encuadran en la sección de circo: funambulistas del alambre y trapecistas mediáticos.

El epígrafe que encabeza esta convocatoria es el de la protesta contra la reforma laboral. Una reforma que, por un lado, tanto los ditrigentes de CC.OO. como de UGT no han dudado en calificar de "un sólido retroceso en los avances que se habían conseguido tras treinta años de defensa y reivindicación de los derechos laborales" y, por el otro, ha sido pergeñada por el gabinete de Rodríguez Zapatero al dictado de las recomendaciones del FMI y saludada el pasado fin de semana -como no podía ser de otra manera- por los gurús de la doctrina neoliberal del prestigioso semanario británico "The Economist". Esos mismos gurús que acostumbrados a practicar la futurología de sus deseos -los amantes de la precisiópn, dirán intereses- no vieron acercarse ninguna crisis y en el almanaque de sus predicciones, su director incluyó hace algún tiempo una columna, no exenta de humorística ironía, titulada: "A propósito de 2008: perdón".

Y es que los remedios económicos no dependen del color de los anteojos con los que cada cual combate su miopía, sino de cómo afectan a los sudores y las ganancias que se lleva cada uno. O dicho de otra manera, como ha señalado en su comunicado de apoyo a la huelga la asociación de Jueces para la Democracia: "resulta inaceptable que sean precisamente nuestros ciudadanos más desfavorecidos quienes tengan que asumir los costes de una situación económica que encuentra su origen en la ventajista e irresponsable actuación de unos pocos".
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Varias décadas después de que los "neocons" capitaneados por Francis Fukuyama abolieran la Historia y el barbero le afeitara las largas barbas al viejo Marx, el libro de la lucha de clases se reescribe sobre sus antiguas páginas. Ya lo decía el poeta, "todo pasa y todo queda". El próximo 29 de septiembre, huelga general. Hay quienes auguran un otoño caliente después de un verano frío. Hay quienes auguran un bailes de cifras y una fotografía.
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Los primeros piensan que si los franceses llevan cinco jornadas de huelga general este año -dos en los últimos 15 días- aquí nada va a ser más fácil. Los segundos se preguntan que si ésta es una huelga contra la reforma laboral por qué no se convocó antes, por qué no se convocó cuando la reforma era todavía un anteproyecto a la vista. Entre los primeros, una abrumadora mayoría piensan que si algo sobran son razones para hacer esta jornada de huelga, pero son escépticos sobre sus resultados. Entre los segundos, las razones también son infinitas y su escepticismo, sin ser mayor, es más cercano: desconfían de uns centrales sindicales que han tenido la curiosa "delicadeza" -no es la palabra- de respetar el asueto veraniego y de con sumir tres meses haciendo propaganda con la intención; desconfían de quienes a menudo reconvierten las reivindicaciones sindicales en un asunto de imagen. Saben que después del 29 viene el 30 de septiembre. Saben que todo pasa. Les preocupa qué quedará.


miércoles, 22 de septiembre de 2010

Manchas de tinta


Wislawa Szimborska

El gozne de la puerta y la campana de Cracovia tañen noticias para los estudiosos. El calcetín que seca la lumbre del frescor de la nieve, harto de compartir soledad con los mismos versos irónicos, se asoma a la ventana, y bosteza. El otoño que toca a la puerta no es un tiempo para organizar procesiones. ¿A quién debemos estar agradecidos? ¿A nuestra viejas creencias o a la dádiva pagana? Un efímero día... Una vez en la vida... ¡Perdonarme! El poeta llevaba enredando mil inviernos en el misterio y recibe un suspiro de gloria.



Vacíos
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Tres renglones vacíos, aguardando la verdad, temerosos de la mancha, y tú, con la pluma del albatros sumergida en el tintero, dibujando palabras de aire sobre las crestas del papel rugoso, deseando que el mar desbarate su soporte y te ofrezca abrigo en el silencio.


En la Ruta de la Seda

Omar Jayyam, harás el camino solo. Marchaba de tu mano buscando la revelación, pero me turbó la mujer del turbante en el lindero del desierto de Sal. Si ella me sonríe, ¿partirá sin mí la caravana? ¿me salvaré de perecer a manos de los bandoleros que moran en el Monte de los Buitres? ¿me perdonará el cielo el descuido? ¿recompensará mis penas el calor del lecho? Recuerda tus palabras... El que no prueba nunca lo sabrá.

Poema en la Gran Manzana
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Las balas del pelotón de fusilamiento no rebotaron sobre la tapia de la ejecución, salieron de la soledad de la Universidad de Columbia. Alumbradas por un inmenso letrero luminoso de Times Square, hirieron al rey de Harlem -que gritaba: no hay angustia comparable a tus ojos oprimidos- y a un poeta que atrapaba versos con un cazamariposas por las calles de un antiguo Nueva York.
Un paisaje con dos tumbas y un perro asirio aullando la introducción a la muerte, y tú llevando un féretro sobre los hombros por una ciudad que escupe blancura.
El ombligo y el sur bajándose de su paralelo y el escribiente soplando las cenizas. ¿A quién pertenece lo que conmueve?
La poesía detenida en la frontera como la gallina ante la raya de tiza y el sol más luminoso sobre el azul del país de los apátridas.

Hamelin
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Aprenderé el idioma que usa la flauta para hablar con la serpiente. Guardaré en un cesto de mimbre la pesadumbre, y el domingo en la plaza la haré danzar delante del platillo de bronce. Murmuradores y cotillas lo llenarán de monedas. Dirán: le debe su riqueza a la tristeza. ¿Tanto? ¡Pobres envidiosos! Mi tristeza es inmensa.


Muralla China
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Junto a la muralla china, en el invernadero de flores secas, Kafka quema algunos papeles mientras tú visitas la taberna y yo, olvidadizo profeta, paso lista de las mujeres que acarician la punta de mis pestañas con el roce de esas nalgas lunares que acompañan los vaivenes del curso del satélite.
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jueves, 2 de septiembre de 2010

Parábolas

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Augurio

Llorarás, llorarás, como esas olas muertas que humedecen la costa al anochecer y los siglos anotan cuando hacen balance de los pedazos que le faltan al arrecife.

La ubre de la vaca

Aquel falso optimismo, aquella confianza en la premonición, aquella soledad, aquella amargura… Si ordeñas las ubres del instante también darás tragos al desconsuelo, también te alimentarás con la mala leche de la vaca, también culparás al que sembró el sabor de la hierba, también provocarás la coz; y, a pesar de todo ese furor, regresarás al establo a llenar el cántaro, hirviéndolo para alimentar con él a la prole, llorando en soledad, porque también así se sobrevive.


El penúltimo consejo

Si pierdes tu sombra y no alumbra el sol de mediodía, busca al grabador de lápidas. Pídele que recite en voz alta tu epitafio. Y, si es breve y te contiene, da gracias porque es superflua tu pérdida y has encontrado refugio en el corazón de los amigos.


Combustión e interrogantes

¿Cuántas palabras encienden el motor del pájaro? ¿Cuántas el insomnio que corroe su sangre? ¿Cuántas el guiño que intuye su desgracia? ¿Cuántas el santuario y la profunda mentira que sepultan las letras de su primer nombre? ¿Cuántas palabras..., cuántas puedo borrar sin herirle? ¿Cuáles resultan superficiales? ¿Contiene un idioma en su silbido? ¿Aprenderé a volar? ¿Será mi silencio silencioso?

Autor giro

El girasol que mira a la luna anuncia soledad. El sol de la mañana retratará su muerte. Sentirá en la espalda la larga sombra de sus hermanos.

Las Memorias del Chamán

I

Si la pulmonía no hubiera matado al hijo de Cochise habrían sido menos los seguidores de Gerónimo. Si hubiéramos nacido inmortales habríamos soportado el sufrimiento. Al perdedor no le asusta la derrota. La victoria es el único habitante de lo desconocido.

II

Contad los supervivientes y la generosidad de la prudencia, y de rodillas sobre la frialdad de la lápida, orad por los inocentes que quedaron tendidos en Wounded Knee. Un velo cubre el rostro del gran espíritu... Es la vergüenza. Los guerreros que cabalgaban con Caballo Loco no hacen reverencias a los dioses. Como los marineros que doblan el Cabo de Hornos llevan su propio sol anudado al lóbulo de sus orejas.
Si aún vives... Llegará la noche y seguirá alumbrando la luna. A la muerte ¿qué le importa la calma? La verdadera existencia es salvaje como el alarido.



III

El lamento del anciano moribundo sobre la nieve y el rifle sin balas en las manos del sordo, hermanados con el búfalo en la hora de la matanza, aguardando a que el cuchillo del desollador se cobre el pellejo en el que agoniza el orgullo. Al lado las aguas del arroyo sin poder caminar por la rodilla rota. Y el árbol sagrado secándose, dándole la espalda a la pradera.