domingo, 16 de enero de 2011

Semillas de Manzano



Principio

Parado ante la nada, aquel hombre no pudo evadir la tentación y volvió la cabeza. En Salamina hay una cantera de sal en la que las mujeres se tallan en mármol y la memoria impide que el miedo reine sobre la crueldad del abismo...

Sólo un nombre, sólo un nombre basta para inventar una historia triste. Dime el tuyo y prenderé una perla a las pestañas que irradia la lumbre... Soy esa sombra que crepita en el fuego, el dueño de esa desolación que dejó la huida de la última esperanza arrancada al labio de la madre.


                             La agonía del cachalote
 
Te angustia la voracidad de la ballena embarrancada en el arrecife. El albatros anida en el abismo. ¿Por qué afirmar que plagiar es vivir? Dale la bienvenida al mensajero. Deja que descansen en paz...

La curiosidad guía sus pasos hasta el borde por el que desapareció el suicida. A Dios no le molesta la desesperación, pero no comprende el que se envidie a las víctimas. El padre tiene celos del hijo. El hijo muestra sus cicatrices. No puede evitar el rencor. ¡Malditos traidores!

Ni siquiera Judas se atrevió a resucitar. Se ahorcó. No soportaba el remordimiento.

 El torturador sabe que en el dolor germina la verdad... El torturador sabe todos los nombres. Aqueronte labró su fortuna con cada una de sus esperanzas.




La duda de Judas

Judas duda. Recuenta, una y otra vez, las monedas. No está seguro de haber tenido éxito en el negocio. ¿Debería haber exigido más talentos? ¿Se habría echado atrás Dios si hubiera elevado el precio de la traición?

La sospecha incrementa el remordimiento. Desea detener el balanceo de la horca. Está arrepentido... Nadie le dijo que Cristo iba a resucitar al tercer día... Si hubiese obrado mejor... ¿Valdría hoy tres millones de denarios? ¿Admitirían un pago libre de impuestos?

 El cadáver en el péndulo columpia la avaricia. En el otro platillo, la balanza equilibra la desesperación.


Apuntes para un discurso

La felicidad no es literaria -son patéticos los poemas de amores felices-. Como no es teológico un Dios bueno al que no se puede pedir cuentas por nuestras desgracias. La principal cualidad humana es la insatisfacción…

Padre, ¿por qué no apartas de mí este cáliz? Y eso que aquel hijo de hombre sabía que iba a resucitar al tercer día.


Añoranza y Revelación

Veo un alba pálido en la curva del cielo. El cielo con la luna en la tangente. Y al Dios sol, lascivo y núbil, desparramando su sonrojo encima de las sábanas que sepultan la extraña lejanía del incendio que recrean las nubes.

La lámpara se enciende para dar sombra a la mesilla. El cariño cierra los ojos en los cajones. Una sirena aúlla detrás de los cristales. La muerte del sufrimiento ajeno nos engulle en el embudo que el alma anuda en los ombligos. El sudor describe el perímetro en el que la realidad no existe…

Y el Génesis está todavía en el pasaje en el que Dios aún no ha sembrado la semilla del manzano.


domingo, 28 de noviembre de 2010

La canción favorita

  
Café irlandés

El cantante ronco que rasca las cuerdas de esa guitarra con dedos artríticos conoce nuestra canción favorita. Mira como sonríen esos ojos tristes. Sabe que no se la pediremos. Y nosotros que, aunque lo hiciéramos, él no la tocará.

¿Es absurda la compasión que recose un amor marchito? ¿Hay algún pasado que sea una esperanza?



La suerte del héroe

El viejo que te da lástima es un James Dean que sobrevivió al accidente de coche. Lloraste por su porvenir y ahora te odia. ¿No has oído a Matusalén? Los amados de los dioses mueren jóvenes.

Es el segundo inquilino del infierno



Retrato

En Arbat, los dedos del dibujante armenio ejecutan un trazo de carboncillo para enmarcar la frente del turista anónimo que sonríe, como un tonto, contando las monedas. El retrato tendrá: avaricia en los ojos y una leve abertura en los labios, como muestra de agradecimiento.


Malastrana

La paloma sobre la marquesina de la ventana vieja y el verso del unicornio zumbando como abejorro que libara en la apretujada nieve; y yo, como un furioso e inesperado ventarrón, encajonado en el tiro de la negra chimenea, deshollinando ruidos para espantar tu imperturbable invierno lleno de cisnes de alas blancas.



Octubre

Las alas de la mariposa no abren el abanico en Octubre. ¿Las sustituirán las pestañas? Pesará en la balanza cada lágrima el pescador de perlas.


Erudito

Dejó la pluma sobre el escritorio. Acababa de terminar una nueva interpretación histórica de la Guerra de los Treinta Años. Se miró al espejo… y guardó silencio ante la estúpida sonrisa de aquel desconocido.


Instantes

Un sol, enorme y rojo, atardeciendo. Ella y él agarrados de la mano. El camino inmenso. El reloj sin manecillas. Un gesto leve y silencioso. El poeta sin inspiración. El poema sin tema. Y el amor austero y sin noticias.


Vendajes

Conservo un amor platónico y un deseo táctil que habitan los rincones a los que no llega la mujer que vive conmigo. Renuncias de pasado remoto momificadas con falsas esperanzas que conservan el encanto de este presente –vivido, intangible y efímero- en el que perduramos.


P. reza

Se despertó el sueño y continuó dormido el hombre.
Se levantó el hombre y ya no pudo alcanzar al sueño.
La belleza dormía en los brazos del otro.

La canción de Bob Dylan


Hace ya casi cincuenta años -el tiempo pasa, y pasa también desmontando algunas esperanzas- que Bob Dylan cantó por primera vez aquello de “reuníos donde quiera que estéis, admitid que las aguas han crecido a vuestro alrededor, aceptad que pronto estaréis calados hasta los huesos…el perdedor de ahora será el ganador más tarde porque los tiempos están cambiando”. Los tiempos han pasado al compás de su inexorable tic tac, pero en algunos asuntos apenas han cambiado. Hay vencedores de mucho antes de ayer que siguen venciendo y perdedores de casi siempre que siguen acumulando derrotas.

A principios de los años setenta del pasado siglo, cuando algunos de nosotros nos preparábamos para transitar de la niñez a una adolescencia que iba a coincidir con los últimos estertores del franquismo y una traición enmascarada en forma de marcha verde, el cineasta norteamericano Ralph Nelson llevaba a las pantallas de los cines una película del oeste titulada “Soldado Azul”. Un film protagonizado por Candice Bergen y Peter Strauss, al que el paso del tiempo probablemente también habrá hecho envejecer, pero que por aquel entonces aportaba una novedosa rareza: por primera vez en un western se reflejaba el punto de vista de los indios.

En ese film, en el que se incluían unos planos de una violencia tan cruda que le valieron por aquel tiempo el apelativo de la película más violenta jamás filmada, se narraba el brutal ataque perpetrado por un destacamento del ejército de los EE.UU. mandado por el coronel John Chivington contra un indefenso campamento de indios cheyennes y arapahoes que se hallaba pacíficamente acampado en un lugar de Colorado llamado Sand Creek. En un mes de noviembre como éste de 1864 allí fueron descuartizados doscientos indios, tres cuartas partes de ellos mujeres y niños.

A pesar de que se trataba de un largometraje del oeste inspirado en un hecho real, su director, Ralph Nelson, nunca ocultó que aquel film era un alegato contra la guerra de Vietnam y un recordatorio con tono de denuncia de la masacre de la aldea de My Lai, en la que los marines norteamericanos, pocos meses antes, asesinaron a medio millar de civiles vietnamitas, la mayoría, como en Sand Creek viejos, mujeres y niños.

En el año 2006, después de casi cuarenta años de secreto, se supo que existía un informe de nueve mil páginas que contenía las conclusiones de las investigaciones efectuadas por el Pentágono en el que se demostraba que, de un modo u otro, todas las divisiones militares destinadas en Vietnam habían cometido crímenes de guerra contra la población civil.

Un sociólogo norteamericano, llamado George Bayley como el protagonista del film “¡Qué bello es vivir!”, efectuó un estudió muy preciso sobre el tratamiento que las tres principales cadenas de televisión de su país (ABC, CBS y NBC) dieron de aquella intervención americana. Y el resultado evidenció una parcialidad extremadamente concluyente: sólo un tres por ciento de los espacios se hizo eco del punto de vista del país invadido.

Como he dicho antes, hace casi cincuenta años que Bod Dylan cantó por primera vez esa hermosa canción de “Los tiempos están cambiando”, pero los tiempos, desgraciadamente, no parecen haber cambiado tanto como se anunciaba. No sé si algún cineasta rodará algún alegato por lo ocurrido en El Aaiún y por los vergonzosos silencios del gobierno de Rodríguez Zapatero y la llamada Comunidad internacional. No sé si habrá un informe en el ministerio de Rubalcaba que dé cuenta de las violaciones marroquíes y que se pueda conocer dentro de otros cuarenta años. Si por segunda semana repito indignación y denuncia es porque siento que debo reiterar mi modesta contribución para compensar el abrumador espacio ocupado por los hipócritas y solidarizarme con el invisible punto de vista de los agredidos.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Trayectos aéreos (Lisboa - Copenhague)

  
Fado

El anónimo chasquido de la cerilla prende la vela del altar, en un gesto vacío que se traga el ronquido de las rompientes. Los marineros que erigieron aquel falo de piedra, como señal de dominio, reposan alimentando al océano en el lecho de un inmenso jardín de algas marinas. ¿Tu grandeza Lusitania?, pregunta el cantor de fado. Pasas la frontera y el alambique de Orfeo destila un superviviente. Pessoa. Basta un poeta y las estrellas vuelven a copular con los menhires de los tiempos remotos.

Sed, Aladino

El borracho busca el amor que no contiene la botella y la botella el vacío del insomne que terminó la afanosa tarea y oye la maldición del genio.


Sin gestos

Te entregué un verso de Pessoa, como un regalo pagano para molestar tu divinidad, para decirte te quiero como el actor que, de tanto ensayar Hamlet, rumia la duda. Y tú, estatua de mármol, permaneciste inmóvil ante el plagiador que copia deseos ajenos.

Instantánea

Los lirios junto a los juncos de la charca inmune y el agua quieta. Las hojas pardas del árbol ensombreciendo, con sus nervios, la página del libro. Pessoa, Pessoa deshojando la rosa... Y los cánticos
de iglesia, sordos y necios, acompasando el ruido de fondo de las bicicletas que dan vueltas por el parque.
Es un instante en el lenguaje, muestra su debilidad. La vida retrata la muerte. Perecemos.

Constancia

El lápiz del corrector hurgándote el alma, el libro agonizando, la página llena de cicatrices, el editor firmando el talón y tú, abriendo la mano sudorosa como Judas.


Conspiradores

De aquella inagotable credulidad proviene este escepticismo. Hamlet, triste príncipe de Dinamarca, ¿cuántos pretendemos esa corona? ¿Cuántos participamos activamente en las intrigas palaciegas organizadas por la duda? Pobres súbditos, no van a poder alimentar tanto zángano.

Dubitación

Hamlet, te he enviado todas las preguntas. También la muerte y el alma son interrogantes. Pero no me quedan mensajeros. Los siervos partieron sin regresar. ¿Pernoctan contigo en el Castillo de la Duda? ¿Algún día lo sabré?



lunes, 27 de septiembre de 2010

Después del 29 viene el 30 de septiembre

Como todo el mundo sabe, el próximo miércoles 29 de septiembre las principales centrales sindicales del estado español han convocado una huelga general. He dicho como todo elmundo sabe aunque tal ves debería haber sido algo menos presuntuoso y haberme quedado en un "como casi todo el mundo sabe", porque, aunque ésta es probablemente la primera huelga general de la Historia anunciada con tres meses de antelación, siempre hay un número más o menos elevado de ciudadanas y ciudadanos para los que únicamente acontece eso que se vocea en programas televisivos del tipo de "Sálvame" o aquello que se publica en las páginas deportivas de diarios como "Marca". Y que se sepa ni Belén Esteban ni el señor Mou han mencionado nada de ninguna huelga general. La huelga es una cuestión de pan y ellos se encuadran en la sección de circo: funambulistas del alambre y trapecistas mediáticos.

El epígrafe que encabeza esta convocatoria es el de la protesta contra la reforma laboral. Una reforma que, por un lado, tanto los ditrigentes de CC.OO. como de UGT no han dudado en calificar de "un sólido retroceso en los avances que se habían conseguido tras treinta años de defensa y reivindicación de los derechos laborales" y, por el otro, ha sido pergeñada por el gabinete de Rodríguez Zapatero al dictado de las recomendaciones del FMI y saludada el pasado fin de semana -como no podía ser de otra manera- por los gurús de la doctrina neoliberal del prestigioso semanario británico "The Economist". Esos mismos gurús que acostumbrados a practicar la futurología de sus deseos -los amantes de la precisiópn, dirán intereses- no vieron acercarse ninguna crisis y en el almanaque de sus predicciones, su director incluyó hace algún tiempo una columna, no exenta de humorística ironía, titulada: "A propósito de 2008: perdón".

Y es que los remedios económicos no dependen del color de los anteojos con los que cada cual combate su miopía, sino de cómo afectan a los sudores y las ganancias que se lleva cada uno. O dicho de otra manera, como ha señalado en su comunicado de apoyo a la huelga la asociación de Jueces para la Democracia: "resulta inaceptable que sean precisamente nuestros ciudadanos más desfavorecidos quienes tengan que asumir los costes de una situación económica que encuentra su origen en la ventajista e irresponsable actuación de unos pocos".
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Varias décadas después de que los "neocons" capitaneados por Francis Fukuyama abolieran la Historia y el barbero le afeitara las largas barbas al viejo Marx, el libro de la lucha de clases se reescribe sobre sus antiguas páginas. Ya lo decía el poeta, "todo pasa y todo queda". El próximo 29 de septiembre, huelga general. Hay quienes auguran un otoño caliente después de un verano frío. Hay quienes auguran un bailes de cifras y una fotografía.
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Los primeros piensan que si los franceses llevan cinco jornadas de huelga general este año -dos en los últimos 15 días- aquí nada va a ser más fácil. Los segundos se preguntan que si ésta es una huelga contra la reforma laboral por qué no se convocó antes, por qué no se convocó cuando la reforma era todavía un anteproyecto a la vista. Entre los primeros, una abrumadora mayoría piensan que si algo sobran son razones para hacer esta jornada de huelga, pero son escépticos sobre sus resultados. Entre los segundos, las razones también son infinitas y su escepticismo, sin ser mayor, es más cercano: desconfían de uns centrales sindicales que han tenido la curiosa "delicadeza" -no es la palabra- de respetar el asueto veraniego y de con sumir tres meses haciendo propaganda con la intención; desconfían de quienes a menudo reconvierten las reivindicaciones sindicales en un asunto de imagen. Saben que después del 29 viene el 30 de septiembre. Saben que todo pasa. Les preocupa qué quedará.


miércoles, 22 de septiembre de 2010

Manchas de tinta


Wislawa Szimborska

El gozne de la puerta y la campana de Cracovia tañen noticias para los estudiosos. El calcetín que seca la lumbre del frescor de la nieve, harto de compartir soledad con los mismos versos irónicos, se asoma a la ventana, y bosteza. El otoño que toca a la puerta no es un tiempo para organizar procesiones. ¿A quién debemos estar agradecidos? ¿A nuestra viejas creencias o a la dádiva pagana? Un efímero día... Una vez en la vida... ¡Perdonarme! El poeta llevaba enredando mil inviernos en el misterio y recibe un suspiro de gloria.



Vacíos
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Tres renglones vacíos, aguardando la verdad, temerosos de la mancha, y tú, con la pluma del albatros sumergida en el tintero, dibujando palabras de aire sobre las crestas del papel rugoso, deseando que el mar desbarate su soporte y te ofrezca abrigo en el silencio.


En la Ruta de la Seda

Omar Jayyam, harás el camino solo. Marchaba de tu mano buscando la revelación, pero me turbó la mujer del turbante en el lindero del desierto de Sal. Si ella me sonríe, ¿partirá sin mí la caravana? ¿me salvaré de perecer a manos de los bandoleros que moran en el Monte de los Buitres? ¿me perdonará el cielo el descuido? ¿recompensará mis penas el calor del lecho? Recuerda tus palabras... El que no prueba nunca lo sabrá.

Poema en la Gran Manzana
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Las balas del pelotón de fusilamiento no rebotaron sobre la tapia de la ejecución, salieron de la soledad de la Universidad de Columbia. Alumbradas por un inmenso letrero luminoso de Times Square, hirieron al rey de Harlem -que gritaba: no hay angustia comparable a tus ojos oprimidos- y a un poeta que atrapaba versos con un cazamariposas por las calles de un antiguo Nueva York.
Un paisaje con dos tumbas y un perro asirio aullando la introducción a la muerte, y tú llevando un féretro sobre los hombros por una ciudad que escupe blancura.
El ombligo y el sur bajándose de su paralelo y el escribiente soplando las cenizas. ¿A quién pertenece lo que conmueve?
La poesía detenida en la frontera como la gallina ante la raya de tiza y el sol más luminoso sobre el azul del país de los apátridas.

Hamelin
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Aprenderé el idioma que usa la flauta para hablar con la serpiente. Guardaré en un cesto de mimbre la pesadumbre, y el domingo en la plaza la haré danzar delante del platillo de bronce. Murmuradores y cotillas lo llenarán de monedas. Dirán: le debe su riqueza a la tristeza. ¿Tanto? ¡Pobres envidiosos! Mi tristeza es inmensa.


Muralla China
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Junto a la muralla china, en el invernadero de flores secas, Kafka quema algunos papeles mientras tú visitas la taberna y yo, olvidadizo profeta, paso lista de las mujeres que acarician la punta de mis pestañas con el roce de esas nalgas lunares que acompañan los vaivenes del curso del satélite.
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jueves, 2 de septiembre de 2010

Parábolas

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Augurio

Llorarás, llorarás, como esas olas muertas que humedecen la costa al anochecer y los siglos anotan cuando hacen balance de los pedazos que le faltan al arrecife.

La ubre de la vaca

Aquel falso optimismo, aquella confianza en la premonición, aquella soledad, aquella amargura… Si ordeñas las ubres del instante también darás tragos al desconsuelo, también te alimentarás con la mala leche de la vaca, también culparás al que sembró el sabor de la hierba, también provocarás la coz; y, a pesar de todo ese furor, regresarás al establo a llenar el cántaro, hirviéndolo para alimentar con él a la prole, llorando en soledad, porque también así se sobrevive.


El penúltimo consejo

Si pierdes tu sombra y no alumbra el sol de mediodía, busca al grabador de lápidas. Pídele que recite en voz alta tu epitafio. Y, si es breve y te contiene, da gracias porque es superflua tu pérdida y has encontrado refugio en el corazón de los amigos.


Combustión e interrogantes

¿Cuántas palabras encienden el motor del pájaro? ¿Cuántas el insomnio que corroe su sangre? ¿Cuántas el guiño que intuye su desgracia? ¿Cuántas el santuario y la profunda mentira que sepultan las letras de su primer nombre? ¿Cuántas palabras..., cuántas puedo borrar sin herirle? ¿Cuáles resultan superficiales? ¿Contiene un idioma en su silbido? ¿Aprenderé a volar? ¿Será mi silencio silencioso?

Autor giro

El girasol que mira a la luna anuncia soledad. El sol de la mañana retratará su muerte. Sentirá en la espalda la larga sombra de sus hermanos.

Las Memorias del Chamán

I

Si la pulmonía no hubiera matado al hijo de Cochise habrían sido menos los seguidores de Gerónimo. Si hubiéramos nacido inmortales habríamos soportado el sufrimiento. Al perdedor no le asusta la derrota. La victoria es el único habitante de lo desconocido.

II

Contad los supervivientes y la generosidad de la prudencia, y de rodillas sobre la frialdad de la lápida, orad por los inocentes que quedaron tendidos en Wounded Knee. Un velo cubre el rostro del gran espíritu... Es la vergüenza. Los guerreros que cabalgaban con Caballo Loco no hacen reverencias a los dioses. Como los marineros que doblan el Cabo de Hornos llevan su propio sol anudado al lóbulo de sus orejas.
Si aún vives... Llegará la noche y seguirá alumbrando la luna. A la muerte ¿qué le importa la calma? La verdadera existencia es salvaje como el alarido.



III

El lamento del anciano moribundo sobre la nieve y el rifle sin balas en las manos del sordo, hermanados con el búfalo en la hora de la matanza, aguardando a que el cuchillo del desollador se cobre el pellejo en el que agoniza el orgullo. Al lado las aguas del arroyo sin poder caminar por la rodilla rota. Y el árbol sagrado secándose, dándole la espalda a la pradera.