Como todo el mundo sabe, el próximo miércoles 29 de septiembre las principales centrales sindicales del estado español han convocado una huelga general. He dicho como todo elmundo sabe aunque tal ves debería haber sido algo menos presuntuoso y haberme quedado en un "como casi todo el mundo sabe", porque, aunque ésta es probablemente la primera huelga general de la Historia anunciada con tres meses de antelación, siempre hay un número más o menos elevado de ciudadanas y ciudadanos para los que únicamente acontece eso que se vocea en programas televisivos del tipo de "Sálvame" o aquello que se publica en las páginas deportivas de diarios como "Marca". Y que se sepa ni Belén Esteban ni el señor Mou han mencionado nada de ninguna huelga general. La huelga es una cuestión de pan y ellos se encuadran en la sección de circo: funambulistas del alambre y trapecistas mediáticos.
El epígrafe que encabeza esta convocatoria es el de la protesta contra la reforma laboral. Una reforma que, por un lado, tanto los ditrigentes de CC.OO. como de UGT no han dudado en calificar de "un sólido retroceso en los avances que se habían conseguido tras treinta años de defensa y reivindicación de los derechos laborales" y, por el otro, ha sido pergeñada por el gabinete de Rodríguez Zapatero al dictado de las recomendaciones del FMI y saludada el pasado fin de semana -como no podía ser de otra manera- por los gurús de la doctrina neoliberal del prestigioso semanario británico "The Economist". Esos mismos gurús que acostumbrados a practicar la futurología de sus deseos -los amantes de la precisiópn, dirán intereses- no vieron acercarse ninguna crisis y en el almanaque de sus predicciones, su director incluyó hace algún tiempo una columna, no exenta de humorística ironía, titulada: "A propósito de 2008: perdón".
Y es que los remedios económicos no dependen del color de los anteojos con los que cada cual combate su miopía, sino de cómo afectan a los sudores y las ganancias que se lleva cada uno. O dicho de otra manera, como ha señalado en su comunicado de apoyo a la huelga la asociación de Jueces para la Democracia: "resulta inaceptable que sean precisamente nuestros ciudadanos más desfavorecidos quienes tengan que asumir los costes de una situación económica que encuentra su origen en la ventajista e irresponsable actuación de unos pocos".
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Varias décadas después de que los "neocons" capitaneados por Francis Fukuyama abolieran la Historia y el barbero le afeitara las largas barbas al viejo Marx, el libro de la lucha de clases se reescribe sobre sus antiguas páginas. Ya lo decía el poeta, "todo pasa y todo queda". El próximo 29 de septiembre, huelga general. Hay quienes auguran un otoño caliente después de un verano frío. Hay quienes auguran un bailes de cifras y una fotografía.
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Los primeros piensan que si los franceses llevan cinco jornadas de huelga general este año -dos en los últimos 15 días- aquí nada va a ser más fácil. Los segundos se preguntan que si ésta es una huelga contra la reforma laboral por qué no se convocó antes, por qué no se convocó cuando la reforma era todavía un anteproyecto a la vista. Entre los primeros, una abrumadora mayoría piensan que si algo sobran son razones para hacer esta jornada de huelga, pero son escépticos sobre sus resultados. Entre los segundos, las razones también son infinitas y su escepticismo, sin ser mayor, es más cercano: desconfían de uns centrales sindicales que han tenido la curiosa "delicadeza" -no es la palabra- de respetar el asueto veraniego y de con sumir tres meses haciendo propaganda con la intención; desconfían de quienes a menudo reconvierten las reivindicaciones sindicales en un asunto de imagen. Saben que después del 29 viene el 30 de septiembre. Saben que todo pasa. Les preocupa qué quedará.


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