
Esta historia es estrictamente cierta. Cierta como que existe un lugar donde se queja el musgo en las faldas del Lekanda. Lo literario sería decir que fue escrita por el rocío, pero era tarde de San Juan y lo derritieron las brasas. Mari llamó a Anttón para coger las redes, pero no estaba. Era Lekeitio... 1937... Derecha, izquierda,... Se me cuela Maiakovski... Es su voz de trueno... Batallón Haritza tirando con piedras a un cóndor disfrazado de Luftwaffe... Tarde de San Juan, el dolor expandiendo ascuas entre los árboles... Y Ahmed, nacido en Fez, con la cara reflejada en un pozo... Batallón moro de regulares, alfombras de mezquitas ajedrezadas en el Sáhara... Dos hombres cara a cara, citados por la muerte, añorando el mar azul y el desierto pardo... Territorios encantados donde el destino juega borrando rastros que no existen... ¿Cómo verificar lo imposible? Al futuro, juez olvidadizo, puedo presentar tres testigos que expliquen estas palabras:
· El escritor, no muy fiable, miente tanto...
· El monigote, condensado en la ceniza...
· Y el coloso de piedra, inmutable en su silencio... Escucho a Mikel Laboa: Arrano Beltza... Con dos gritos melodiosos que sumo a un cuadro titulado Gernika.
· El escritor, no muy fiable, miente tanto...
· El monigote, condensado en la ceniza...
· Y el coloso de piedra, inmutable en su silencio... Escucho a Mikel Laboa: Arrano Beltza... Con dos gritos melodiosos que sumo a un cuadro titulado Gernika.
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