domingo, 10 de junio de 2007

SARGENTO YORK


Alvin York escribió estas líneas momentos antes de desaparecer: “Un hombre de la montaña comienza a perderse cuando ve la rugosa soledad azul de esa inmensa llanura llamada océano. Ya no te importa que el pobre maíz crezca alejado de los valles verdes. Ya no te importa que ladren los perros.” John Huston emborronó parte del guión con el bourbon y Howard Hawks accedió a que el joyero abrillantara su medalla de héroe de guerra. Tenía abierta la Biblia en una página donde la niebla impedía leer a Lucas 10,29 “¿Y quién es mi prójimo?” Daniel Boone murió en el Alamo sin que nadie mencionara el dolor grabado en la corteza de un árbol del valle de las Tres Patas del Lobo. Era el mismo Tennessee en el que un ternero vale cinco dianas y una bala dos muertes. “Quisiera hablaros de un hombre bueno”... Así comienza un bello sermón de Martín Luther King... A orillas del Somme hubiera servido como despedida. Dalton Trumbo dio fe de que Johnny cogió su fusil y su libertad chocó con el reglamento. Abraham es un buen nombre para una mula, y un porche sombrío un lugar excelente para pescar besos en el pozo de la luna mientras llora el zorro de lomo plateado. Lo que no llena la vida se abarrota de sueños. Alvin York no podía quedarse en casa. La nostalgia utiliza el olvido para curar la certeza de la muerte... Pero el mundo no es sólo humano y en el océano se propaga su incertidumbre...

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