domingo, 10 de junio de 2007

JUDAS Y OTRO


Hay una luz que vive en el prisma opaco. Vive, sí, aunque también duerme y agoniza. Su candil, reflejado por la realidad, está en el fondo plano de una imagen escondida en todos los espejos... He abierto la ventana de este sueño y he visto a Lizardi resignado en su soledad, vestido de duende. Un monje sube la cuesta hacia Oñate en busca de las dos piernas del catorceavo apóstol del friso de la basílica de Aránzazu, para renovar el camino. Desde Ojo Atxular, contemplando el viento que ha ornado la pupila del cíclope en la roca, ha mugido el último bisonte. Hay una canción de Mikel Laboa que habla de la niebla escondida en nuestros rincones. Mojándose en el libreto del padre Donostia un réquiem solar y plenilunio estampa su sombra en una loma del Aguiña. Y han tirado a nuestro mar una botella vacía ¿Dónde están los mensajes? Necesitábamos el oxígeno... Versos de Bernardo y Gabriel bajando la cuesta de la casa del anciano... Por qué no reconocer que el futuro es más utópico que encontrar un Dios al noroeste... Campanas arpegiadas por Kandinsky, esmalte y piedra de unas gafas sutiles para contemplar el horizonte... Después de tantos fracasos, habrá listos que -señalando a Oteiza con el dedo- dirán que sobraban dos apóstoles en nuestras vidas...

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