
Cerca del servicio de correos, entre la estaciones de los ferrocarriles de Kazán y Leningrado, mirando hacia la Catedral de la Epifanía, apareció el espectro de Chumakov montando en el caballo blanco de su antiguo caudillo. La montura avanzó entre los conductores de los automóviles que lo miraban incrédulos. Alguna alma piadosa había hecho un buen remiendo con aquellos miembros descuartizados... Pero se le notaban varias puntadas en las comisuras de los labios, le costaba sonreír.
Un pordiosero que solicitaba limosna en el borde de la acera, le tendió una botella de vodka casero. El jinete, sobrecogido por aquel bello gesto, se dirigió al indigente diciéndole: - "Agradezco al súbdito del zar la delicadeza. Un siervo no es culpable de las atrocidades de su amo. Pero le rogaría, buen hombre, me dijera en que país me encuentro. Llevo más de doscientos años dando vueltas, buscando el territorio del Yaik para unirme a los sublevados".
Un pordiosero que solicitaba limosna en el borde de la acera, le tendió una botella de vodka casero. El jinete, sobrecogido por aquel bello gesto, se dirigió al indigente diciéndole: - "Agradezco al súbdito del zar la delicadeza. Un siervo no es culpable de las atrocidades de su amo. Pero le rogaría, buen hombre, me dijera en que país me encuentro. Llevo más de doscientos años dando vueltas, buscando el territorio del Yaik para unirme a los sublevados".
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