
Y el círculo hizo la memoria en el vacío natural que delimitaron sus aristas. Y el olvido hizo su propio vacío. Y en vacío espacio y periferia tiempo, trazó su alarido más doloroso el penúltimo gudari. Hombre concreto, entre azul cielo y azul mar, perdido en la intensidad verde de un paisaje masculino -menhir de Erasun- y otro femenino -cromlechs de Ezkain-, para mostrar al envidiado pájaro sus alas.
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